El diario Los Angeles Times se hace eco estos días de un estudio de simulación científica realizado hace algún tiempo en California en el que se trataba de anticipar los posibles resultados de una sequía que pudiera durar hasta 72 años. Tras extensos cálculos numéricos, los investigadores llegaron a la conclusión que los californianos no morirían de sed y de que “California tiene una notable habilidad para superar desde el punto de vista económico las sequias extremas y prolongadas”. No obstante, contemplar los resultados desde un punto de vista económico no permite valorar las repercusiones que una sequía prolongada tendría en todos los demás aspectos de la vida.

En resumen, y suponiendo un periodo de sequía de siete décadas, que solamente permitiera disponer de la mitad de la escorrentía media histórica en los embalses y ríos, California se vería obligada a:

  1.  habituarse a utilizar las denominadas “aguas sucias” que ahora se vierten al Pacífico,
  2. reducir la dependencia de los trasvases de otras cuencas, especialmente en el sur de California,
  3. incrementar el precio del agua y prescindir de los céspedes, con unos precios elevados para usos excesivos,
  4. una reducción a la mitad de la superficie agrícola actual y
  5. la desaparición de algunas especies piscícolas.

Las buenas noticias, según los investigadores, son que “una parte predominante de la población y la economía acusaría el efecto de la sequía, pero no sería devastada por ello”. Las minorías con menos recursos sufrirían un empobrecimiento especialmente en el Valle Central, donde muy probablemente se generaría un gran número de “ciudades abandonadas” por falta de un agua que ya es muy escasa.